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martes, 12 de julio de 2011

Probadores



   Antes de contar todo esto, es necesario saber que Pache, justo el día anterior se había caído de la tabla rodando y raspándose el culo, se hizo bastante daño; ahora comprenderéis por qué os cuento esto.

   Estaban un día de compras, Pache y Liviu, y se encontraban en una tienda llamada Primark (según Pache es Paprika, pero dejemosle soñar, ya que es gratis). Tras elegir minuciosamente los atuendos, decidieron ir a los probadores a ver qué tal les quedaba toda esa ropa, que con tan sumo cuidado habían elegido. Estuvieron meditándolo y acordaron entrar los dos al mismo probador, para opinar sobre qué tal les quedaba la ropa sin tener que estar yendo de probador a probador. Entraron a uno que estaba vacío, corrieron la cortina y se pusieron manos a la obra. Pache se quitó los vaqueros para probarse otros, para hacer esto se sentó en la silla que había. Al sentarse pronunció estas palabras:

- Joder tío, aún me duele el culo de anoche...
- ¿Sí? ¿Aún te duele mucho o que? - preguntó Liviu preocupándose por la salud física de Pache.
- Sí tío...

   No se dieron cuenta de lo tremendamente gay que parecía eso, pero parece que unas señoras que estaban afuera sí. Las señoras empezaron a reírse, no paraban, además, a medida que se iban se les oía su constante risa alejándose poco a poco. Se quedaron embobados preguntándose por qué se reían, hasta que se dieron cuenta y se empezaron a reír también. Al salir de los probadores se sintieron presas de unas miradas lascivas y burlonas, pero les dieron igual, ambos tienen tan clara su masculinidad que eso les importaba un carajo.

   Como aquellas prendas habían sido de su agrado fueron a pagarlas a la caja. Esperaron un rato en la cola, hasta que por fin les tocó pagar. La conversación con la cajera fue más o menos así:

- Pasen por aquí - dijo la cajera, rubia, de unos 30 años.

    Liviu y Pache se acercaron.

- Huy! pero que guapo eres chaval - dijo la cajera mirando a Liviu.

   Liviu, cómo no, estaba empanado y ni siquiera se enteró.

- Que... qué guapo eres - insistió la cajera sosteniendo la mirada.

   Liviu seguía sin enterarse. Pache, al ver eso, avisó a Liviu de que le estaban hablando.

 - ¡Tú! Que te están hablando atontao', no te enteras de nada.
 - ¿¡Qué!? - dijo Liviu exaltado, como cuando despiertas a alguien a gritos.
 - Que... eso... que eres ...muy guapo - volvió a repetir la cajera por tercera vez, algo más timida que la segunda vez.
 -  ¡Ah! Gracias - dijo Liviu dedicándole una sonrisa.

                                                                Pache estaba así:

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