lunes, 23 de enero de 2012

El meador.



  Esto que os voy a contar, no es más que un sueño, fruto de la enfermiza y descontrolada mente de Liviu.
El escenario era mi baño, me encontraba delante del váter, tumbado y totalmente desnudo salvo una venda en la pierna derecha (esto podría ser porque esa noche se había hecho un esguince en la pierna y se la vendaron).

  Pues ahí estaba yo, tumbado y sin hacer nada, hasta que sin darme cuenta, cogía mi miembro de forma decisiva y apuntaba hacía el váter, hasta que un espléndido chorro firme, amarillento y brillante salía desprendido a presión, creando una parábola perfecta, que iba directamente hacia la boca del trono sin desprender la más mínima gotita.
  Solo queda una cosa por añadir, mi rostro reflejaba una expresión de satisfacción inexplicable, algo así:

Pues eso, enga fideles nos vemos.

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